Domingo 16 de agosto
Elul 1
DESPERTAR
Es habitual que durante el
mes de Elul se escuche el shofar, que nos recuerda nuestro despertar. Nos
despertamos a un nuevo año, para los nuevos comienzos y para dejar ir lo que
debe ser desechado.
Elul es un mes liminal, un
mes de transición. Volvemos de nuestro viaje por todo el año que está
terminando. Nuestro próximo destino; un nuevo tiempo.
Elul es nuestro tiempo de
desempacar, reagruparnos, y luego volver a poner las cosas en orden para el
próximo año.
Esta preparación del alma es
un trabajo muchas veces, duro. Necesitamos una llamada a la acción concreta, un
sobresalto a la conciencia. El shofar, nuestro reloj despertador antiguo, nos
da esta sacudida.
El sonido penetrante del
shofar nos llama nuestra atención, cortando esa bruma de complacencia que a
veces nos adormece. Las notas del llamado están llenas de intensa nostalgia y
melancolía.
Los sonidos del Shofar
cuentan la historia de la teshuvá, de retorno. Nos recuerdan que parte de la
condición humana es ir a través de ciclos constantes de plenitud y
quebrantamiento, de integración y de desintegración. No importa lo que haya
sucedido durante el año pasado, el shofar nos recuerda, en el sonido y la
calidad de sus notas, que siempre podemos volver a la totalidad, a una extensa
tekiá guedolá.
Un sonido completo integrado.
Este sonido nos llama a nosotros primero. Todos empezamos desde un lugar de
integridad y unidad.
Los Shevarim (literalmente
traducido como quebrantamiento):
Tres toques, que nos remiten
a que en algún momento la totalidad integrada se rompe. Así es la vida. La
claridad, la felicidad, a veces se quiebran.
Nueve, pequeños sonidos en
staccato. A veces vivimos momentos de perturbación extrema. De muy poca certeza
y serenidad. Incluso los momentos de alegría extrema y la aventura tienen esa
sensación de staccato. Ésta es la estimulación intensa de vida. Y a veces todo
es tan precipitado que necesitamos sentir la seguridad de la Tekiá nuevamente.
Tekiá Guedolá:
Una explosión del shofar muy
extensa. Regreso, teshuvá. Hemos cerrado el círculo. Otro ciclo de empezar de
nuevo. Salimos de los servicios de Iom Kipur con este recordatorio: lo que
estaba roto ha sido reparado. Somos llevados a través del sonido triunfal del
shofar. Nuestro Shevarim y Teruot inevitablemente nos sacudieron, pero vamos a
volver a nuestra fuente.

Despertar frente al mar es un placer de la vida.
ResponderEliminarBuscar el momento para ver el amanecer es otro placer.
Valorar poder reconocerlo; y focalizar que no todos pueden gozarlo.
Escuchar las risas de los nietos muchachos y saber que son felices; es bendecir y agradecer que esto suceda.
Actuar, de una manera activa, ayuda a cuidarnos, ayuda a involucrarse, en cualquier acto, o momento para estar siempre en compañía o ayudar a quien lo necesita.
Titi Chemen
EL DESPERTAR ANTE UN NUEVO DESAFÍO CONSTANTE ES LA FORMA QUE ENCARO LA VIDA A DIARIO Y A PLENO JUNTO A MIS SERES QUERIDOS…
ResponderEliminarEL SABER DECIR LA PALABRA ADECUADA,EL DAR UNA CARICIA EN EL MOMENTO JUSTO,EL AGRADECER A DIOS POR LO QUE TENGO,DONDE NO ES NECESARIO QUE SEA POCO O MUCHO SI NO LO JUSTO.EL PODER HACER LAS PACES CON EL CREADOR ME HAZO ESTAR EN PAZ CONMIGO MISMA Y RETORNAR A MI CAMINO,JUNTO A MIS AFECTOS.
SE QUE TODO ES UN TRABAJO QUE NO SE LOGRA DE UN DIA PARA EL OTRO ES UN EJERCICIO CONSTANTE,EL SABER DAR Y RECIBIR,AGRADECER EL TENER LA POSIBILIDAD DE AMAR Y SER AMADA,ME HACE SENTIR QUE ESTOY VIVA.
Claudia Cyrklewicz
que bueno es comenzar esto juntos! jodesh tov!
ResponderEliminarEsta nueva manera de transitar JUNTOS el mes de ELUL,es magnífico!!!! Me siento una elegida por el destino,al poder recorrer la vida con ustedes,por tener una GUÍA que es luz,que nos lleva de la mano o nos suelta,de acuerdo a las circunstancias.Que Hashem nos acompañe a todos en este recorrido.Jodesh Tov le culam!!!!!
ResponderEliminarAcerca del despertar... me gratifica enormemente contribuir a cada despertar sabático de mi querida Silvina. Me siento profundamente honrado de estar a cargo de tamaña responsabilidad, más allá de los desopilantes diálogos a través del Whatsapp. Siento que cada despertar es como un nuevo nacimiento a un día que puede ser trascendente
ResponderEliminarSilvina, a través de Graciela recibo estas meditaciones que para mí son muy especiales. Si bien este mes no culmina mi año religioso, sí mi año de nacimiento (30/08) y por primera vez en 54 años me encuentro con un balance distinto. Esto es verdadera espiritualidad, me enriquece, me hace profundizar en mi camino y me acerca a gente tan querida como vos y Gra. Sin duda como hermanos mayores me enseñan con este despertar a saber esperar con la certeza de que todo vuelve a la armonía nuevamente. Gracias.
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ResponderEliminarSil! gracias por hacerme parte de éste nuevo transitar de cada día
ResponderEliminarUn camino a recorrer juntos que seguramente cada mañana va a ser distinto, ante la meditación y reflexión que nos va a acompañar cada día durante el mes de Elul
Una vez leí que el despertar lleva a las personas a alcanzar vivencias de paz, amor y satisfacción consigo mismo y con los demás
lo deseo de corazón para todos!
gracias!
En los detalles reside la magia. Nadie sabía esto mejor que Marcel Proust, quien nos recuerda lo milagroso que es quedar dormido y despertar del sueño.
ResponderEliminarHay un hecho que todos pasamos por alto la mayoría del tiempo, y que podría ser el evento más complejo y milagroso de nuestras vidas: quedarnos dormidos y despertar cada mañana. La situación reúne la doble naturaleza de lo cotidiano y lo extraordinario, aquello que en el corazón de la vida diaria nos revela “el olvidado asombro de estar vivos” (Octavio Paz)
El proceso en el cual nuestras personalidades se van fragmentando hasta que eventualmente se desintegran ―es decir, el proceso en que nos quedamos dormidos― es de hecho un proceso milagroso. Proust comienza su En busca del tiempo perdido con alrededor de cincuenta páginas que describen cómo, en cierta época de su vida, el narrador se quedaba dormido: paulatina, inadvertidamente; y después, en un centenar de páginas, el narrador explica su despertar: ese “milagro, la complejidad, el reensamblaje del ser que tiene lugar bajo ese blando lugar común: ‘desperté’”, según comentó Alain de Botton a propósito de este gesto narrativo inaugural de la novela.
Un par de tomos después, en “El mundo de Guermantes”, Proust volvió sobre este motivo para plantear un posible enigma: ¿podría ser que, un día cualquiera, despertáramos siendo alguien distinto?
Se llama a esto un sueño de plomo, parece que uno mismo se haya convertido, por espacio de algunos instantes después de haber cesado un sueño así, en un simple monigote de plomo. Ya no somos personas. Entonces, ¿cómo es que al buscar uno su pensamiento, su personalidad, como quien busca un objeto perdido, acaba por recobrar su propio yo antes que otro alguno? ¿Por qué cuando empezamos a pensar de nuevo no es entonces la que encarna en nosotros otra personalidad que la anterior? No se ve qué es lo que dicta la elección y por qué, entre los millones de seres humanos que uno podría ser, va a poner precisamente la mano en aquel que era la víspera. ¿Qué es lo que nos guía cuando verdaderamente ha habido interrupción (ya haya sido completo el sueño o los sueños enteramente diferentes de nosotros)? Ha habido verdaderamente muerte, como cuando el corazón ha cesado de latir y unas tracciones rítmicas de la lengua nos reaniman. La habitación, desde luego, aunque solamente la hayamos visto una vez, despierta recuerdos de que penden otros más antiguos. ¿Dónde dormían en nosotros algunos de que adquirimos conciencia? La resurrección en el despertar —después de ese benéfico acceso de enajenación mental que es el sueño— debe de asemejarse, en el fondo, a lo que ocurre cuando se vuelve a encontrar un nombre, un verso, un estribillo olvidados. Y acaso quepa concebir la resurrección del alma allende la muerte como un fenómeno de memoria.
La alusión a Proust, el gran mago de los detalles, es una elegante manera de sugerir que, si él dedicó tantas y tantas páginas a las miniaturas de este maravilloso y cotidiano proceso, para sentirnos vivos no necesitamos más que eso: poner atención al milagro. No necesitamos ir al mar para sentirnos vivos, o escalar una montaña; dormir y despertar cada mañana es la manera adecuada de sentirnos absolutamente vivos. Decir: “Me recosté en la cama y al mirar las cosas con atención, me sentí realmente vivo”.
La vida nos despierta de distintas maneras. Así como los diferentes sonidos del Shofar, hay días de despertares mas suaves y otros mas bruscos. que duelen y perturban. Hay veces que somos nosotros los que tenemos que despertarnos para despertar a la vida que hay dentro nuestro. O son los otros los que por suerte nos despiertan. No siempre que respiramos estamos realmente "vivos", para estar "vivos" hay que estar despiertos.
ResponderEliminarGracias Silvi por ayudarnos a estar mas despiertos!
Liliana Singman