Martes 1 de septiembre
Elul 17
RECIBIR
En la Torá, Dios
nos pide "recibir al extranjero, porque también nosotros alguna vez fuimos
extranjeros en la tierra de Egipto." Ancestralmente, conocemos la
experiencia de ser un extraño, de ser ignorados, de ser oprimidos, de ser
exiliados. De esta enseñanza central aparece una virtud judía conocida como
Hajnasat orjim, lo que significa saber recibir, ser hospitalario, “bienvenir”.
Es una mitzvá para salir de nosotros mismos e incluir a las personas, para
llegar a los marginados. La tradición judía va un paso más allá y dice que no
debería siquiera importarnos si estamos de acuerdo o en desacuerdo con ellos,
ya sean ricos o pobres, limpios o no. Porque al final todos venimos de la misma
fuente. Todo el mundo merece respeto y la amabilidad apropiada para la
situación.
¿Cómo somos con los que vienen a “tocar nuestras puertas”? ¿Cuán
fácil definimos al otro como “extranjero”? ¿Cuánto nos escondemos tras esa
definición?
¿Hacemos un esfuerzo para saludar a la gente y preguntar acerca
de sus vidas? ¿Nos hemos animado a darle cabida a alguien nuevo este año?
¿Salimos a
buscar a los huéspedes, como hizo Abraham? ¿Somos temerosos de lo que nos pueda
pasar?
¿Somos
“bienvenidores”?
Para darle la
bienvenida a este nuevo año tendremos que pensar cuánto nosotros les dimos la
bienvenida a otros en nuestras vidas.
Cuando escribí acerca de dar, omití expresar mis sentimientos al recibir.
ResponderEliminarPorque cuando doy en mi trabajo, me potencia el reconocimiento, no porque es el resultado de una estrategia publicitaria, sino porque siento que si no brindo soluciones soy parte del problema.
Cuando hago algo por mi comunidad, como por ejemplo otorgar una aliá, ver el brillo en los ojos de quien la recibe, es el mejor premio para mí.
Y cuando un amigo me necesita, prohìbo que me dé las gracias, dado que no hubo esfuerzo en ayudar. Sólo el haber podido contribuir es el mejor regalo.
Escuchar un "gracias" en mi familia, aunque parezca mínimo, es algo inconmensurable.
Ver en la persona amada la expresión en su rostro que denota su correspondencia, expande mi corazón a punto de desbordar sus límites.
Y por ello agradezco a Dios, porque es el vehículo que canaliza lo que recibo y me llena de satisfacción.
Mario H. Leibovich
Recibo tanto ,que siento ,nunca poder dar todo lo que recibo ... Al igual que mi gran COMPAÑERO MARIO..... una sonrisa ,un beso ,un apretón de manos de de gente de la comunidad ,me hace FELIZ .... Espero además ,ser BIENVENIDORA ... (me gustó la palabra ),en estos momentos festivos que se aproximan.. Titi.
ResponderEliminarme siento plenamente "bienvenida" y "bienrecibida" cada día, cuando busco qué me depara hoy este espacio de reflexión
ResponderEliminarHoy y todos éstos días, siento que este espacio me recibe permitiéndome empezar el día distinto, pensando en lo que fue y preparándome para lo que viene
Cada frase, cada palabra, cada aporte en los comentarios, no hacen más que hacerme crecer cada día, por lo que sólo que queda por decir "gracias" a quienes me permiten ser parte de ésto
Hola! les copio las palabras de la alcaldesa de Barcelona, tan relevantes a este verbo en particular y a las reflexiones de Elul en general. Y les recomiendo entrar en su facebook a conocer sus ideas y proyectos. Yo la acabo de conocer y por el momento estoy encantada!
ResponderEliminarAda Colau Ballano
28 de agosto a las 6:36 ·
Antes de ayer 50 personas murieron asfixiadas en la bodega de un barco. Ayer más de 70 muertos en el interior de un camión. Hoy nos despertamos con dos naufragios: puede que más de cien muertos. Tenemos un mar que se llena de muertos. Unas fronteras que se llenan de alambres, pinchos, cuchillas... y de muertos.
Hombres, mujeres, niños y niñas, muertos.
Y una parte de Europa llora, grita, quiere que se salven, que no mueran, pero... pero que no vengan, que se vayan, que desaparezcan, que no existan y que no tengamos que verlos en la tele, y menos en nuestras calles, con sus mantas, en el metro, o en las escaleras de nuestras casas.
Algunos de forma irresponsable promueven el miedo a “los otros”, “los ilegales”, “los que vienen a vender sin licencia”,” a gastar nuestra sanidad”, “a quedarse nuestras ayudas”, “a ocupar nuestras plazas de colegio”, “a pedir”, “a mendigar” “a delinquir”...
Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.
Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.
Que los gobiernos dejen de amenazar con el “Efecto llamada”. Lo que necesita Europa, urgentemente, es una “Llamada al afecto”, una llamada a la empatía. Podrían ser nuestros hijos, hermanas o madres. Podríamos ser nosotros, como también fueron exiliados muchos de nuestros abuelos.
Aunque se trata de un tema de competencia estatal y europea, desde Barcelona haremos todo lo que podamos para participar de una red de ciudades-refugio. Queremos ciudades comprometidas con los derechos humanos y con la vida, ciudades de las que sentirnos orgullosos.
Recibir un consejo una orientación. Recibir todo lo que te haga feliz y poder hacer feliz a los demás.
ResponderEliminarLloro al ver el horizonte como un limite en el que los deseos y las proyecciones de ideas y planificaciones se desvanecen en camino. Pero acojer la vida con sus inpensables oportunidades y encuentros fortuitos me recuerda la felicidad de recibir.
ResponderEliminarRecibir es vital, tiene el mismo movimiento de va y viene que respirar. Pero a veces vivimos en apnea, con la mandíbula apretada mirando al frente o al cielo, olvidando que en cualquier hora y lugar, atrás o al lado, puede darse algún pequeño milagro, de esos que cuando sabemos recibirlos, volvemos a ser el niño a quien la vida ofrece una sorpresa, un indispensable y apropiado regalo.
Entonces nos toca dar para seguir siendo parte del movimiento, de la melodía, de la partición que le da ritmo a la marcha y sentido a nuestra destino.